El mejor comienzo que puedo darle a este blog humilde no es otro que encomendarlo a sus dos patrones. No hace falta ser un lince para descubrir que son Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta quienes, en mi opinión y quizá por no haber conocido a muchos más, son los dos grandes santos del siglo XX. Dos personalidades contemporáneas que han demostrado al mundo, sumido en uno de los momentos más oscuros de su historia, que el Amor siempre vence. Dos santos que entregaron su vida a Dios en el servicio a los demás en una época que rezuma hipocresía: es la época del bienestar pero del vacío, de la abundancia pero de la tristeza. ¿Qué está pasando?
Así se preguntaba un sacerdote al que aprecio, ¿qué está pasando? Él mismo se respondía como dando el camino a seguir: vamos a pensar. Y es que el mundo de hoy trata de evitar que le demos cuerda a nuestro cerebro y a nuestra alma pero, por una vez y sin que sirva de precedente, vamos a hacerle un corte de manga a ese mundo y tratemos de darle al coco con sinceridad y humildad, dos virtudes de las que el conocimiento va de la mano.
Mi personal devoción a Juan Pablo y a la Madre Teresa tiene su raíz en un cariño especial por lo que los dos han obrado en mí. Uno mientras todavía estaba entre nosotros, la otra ya desde el Cielo con su legado. No será de extrañar que utilice con frecuencia citas suyas. A mí me cambiaron la vida. Ojalá puedan cambiársela a alguien más.
Con esto conectamos con el título del blog. Proviene de una frase de la Madre Teresa que decía: “Sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo“. Ella lo decía de su gran labor con los más pobres entre los pobres, yo sólo puedo aplicarlo este blog si pudiera hacer algún bien. Si cada uno de los que leemos esto pusiéramos una gota, quizá el océano llegara a desbordarse. ¿No es acaso nuestra la Esperanza?