El encuentro (y III)

18 05 2007

Nunca supo si fue la morcilla chamuscada, la boina roída o los cuatro dientes amarillos de Ananías, pero hubo algo en aquel encuentro que atrapó a Saulo con una fuerza desconocida. Primero decidió quedarse hasta la noche; luego, hasta el día siguiente; y, para cuando se dio cuenta, llevaba ya una semana larga durmiendo en un colchón mugriento, dando de comer a las gallinas y manejando el trator como si llevase arando toda su vida. Pero había algo que le empujaba a regresar: un mismo sueño noche tras noche, en el que la mirada limpia de un tal Esteban le hacía sentir su alma atravesada y desnuda por primera vez. Leer el resto de esta entrada »





El encuentro (II)

17 05 2007

Debían de haber pasado dos o tres semanas desde lo de Esteban cuando ocurrió aquello. A Saulo le resultaba divertido recordar todo lo que se había dicho durante los primeros días de incertidumbre: cáncer, depresión, ajustes de cuentas… La teoría más difundida hablaba de un grave accidente de moto por un deslumbramiento en la autopista. ¡Todo mentira! La gente necesitaba inventar explicaciones grandiosas, como si las cosas importantes de la vida no pudieran suceder en lo sencillo, en lo oculto. La verdad era, simplemente, que aquel día se encontraba muy cansado. Leer el resto de esta entrada »





El encuentro (I)

16 05 2007

Tenía que caminar oculto tras unas gafas oscuras, porque últimamente apenas podía dar tres pasos sin que alguien lo cogiera por banda. Algunos le agarraban fuertemente del brazo y le miraban con una mezcla de enfado y decepción, aunque la mayoría seguía sin atreverse a sostenerle la mirada y se contentaba con increparle desde lejos –traidor era de lo más suave que le habían dicho–. Sin embargo, también había otros –los menos– que le regalaban una media sonrisa al cruzarse en un ascensor o que bajaban el periódico en el metro y le lanzaban un guiño cómplice de aprobación. Una vez, incluso, hubo un hombre que lo detuvo en mitad de un paso de cebra y, sin mediar palabra, le abrazó con una intensidad que lo dejó pasmado. Leer el resto de esta entrada »