Disculpas y la nueva Paul Potts (si le dejan)

18 08 2008

Pues sí, me veo obligado a ofreceros una disculpa. Hace 3 meses dije que volvería a escribir en el post con asiduidad pero la vida no me lo ha permitido y hasta hoy no he podido retomar el blog. Por eso, por faltar a mi palabra, os pido perdón y vuelvo a decir que trataré, en la medida de mis posibilidades, de escribir con frecuencia. Ahora, al otro tema.

Se están celebrando estos días en China los Juegos Olímpicos 2008. Desde el principio pensé que el COI acertó con su decisión de otorgarle al país oriental la organización de los Juegos porque podría facilitar la apertura al mundo de ese gigante, aún en manos dictatoriales. Esa apertura conllevaría una relajación en las políticas anti derechos humanos de los comunistas chinos hasta, por fin, la completa desaparición de un régimen que actúa de forma flagrante contra la dignidad de los hombres y mujeres chinos (especialmente de las mujeres).

Nadie puede negar que la organización está siendo impecable (con algún pequeño desliz en las retransmisiones iniciales) y que China está maravillando al mundo con su puesta de largo en las Olimpiadas. La ceremonia inaugural: imponente. La disciplina de los trabajadores chinos: constante. La organización de la competición: impecable. Pero hay que rascar un poco más para darse cuenta de que en China no es oro todo lo que reluce y que el único oro que reluce ahora es el de las medallas de Michael Phelps.

Tengo verdadera curiosidad por conocer el ritmo de trabajo y ensayos de los actores de la ceremonia inaugural. No me extrañaría que hubiesen estado preparando el espéctaculo en malas condiciones. Lo mismo que los atletas chinos. ¿Cuántas horas de esfuerzo y trabajo diarios habrán dedicado? ¿Habrán podido renunciar a dicho trabajo si así lo deseaban sin ningún tipo de penalización? ¿Habrá sido la remuneración de los atletas y actores justa durante este tiempo? Algo me hace sospechar que ningún trabajador de ningún país occidental habría aceptado las condiciones que han tenido que aceptar los chinos. Ojalá alguien investigue sobre eso.

De lo que sí se ha investigado en estos Juegos con conclusiones alarmantes es la contínua falta de ética del régimen comunista chino. En un caso, es algo menor pero el otro… es indignante.

Parece ser que los impresionantes fuegos artificiales de la ceremonia de inauguración no existieron más que en un programa de simulación de ordenador. En dos palabras, los organizadores del evento han engañado al público de forma escandalosa y nosotros, pardillos, nos lo hemos tragado. En fin, es un detalle con poca importancia. Lo que sí tiene importancia es lo que le han hecho a la niñita Yang Peiyi.

¿Os acordáis de una niña china guapísima que cantó la “Oda a la Patria” en la inauguración? Pues es mentira. Un bluff. Un fraude. Algo repugnante. Quien realmente cantaba esa canción, la poseedora verdadera de esa voz angelical es otra niña, según los comunistas nada mona, nada ideal, nada agradable sino regordeta y con los dientes descolocados (¿os acordáis de Paul Potts?) y, por no ser mona, ideal y guapísima (según sus criterios porque a mí sí me lo parece) no merecía ser mostrada al público aunque fuera suya la voz que cautivó a todos. Para que todo fuera perfecto, pusieron a otra niña a su parecer más perfecta físicamente haciendo playback sobre la voz de Yang Peiyi, regordeta y desdentada.

No nos debería extrañar que un régimen dictatorial que todo lo esconde y miente hasta donde sea preciso por el Estado (eliminando si es necesario a las personas molestas) haga algo así. No me extraña pero me repugna igual que el primer día. Es una muestra más de lo que es en realidad China por mucho que quieran limpiar su imagen con los juegos.

Vaya desde aquí mi respeto y mi admiración por la verdadera artista, Yang Peiyi, que ha sido escondida como un desecho por no ser lo suficientemente perfecta para un régimen dictador. Yang, ojalá te dejen ser otra Paul Potts.


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