La X de la Iglesia

6 05 2008

Queda cada vez menos para que los que trabajamos cumplamos con uno de nuestros deberes principales para con la sociedad: pagar los impuestos.

Creo que es obligado para todo ciudadano de bien contribuir al desarrollo de su país, comunidad autónoma, provincia o ciudad a través de los impuestos, con los que se cometen muchos abusos por parte de personajillos infames y fraudulentos pero con los que también se llevan a cabo acciones y obras necesarias para el correcto desarrollo social de las personas. Vamos, que hay que pagar impuestos para poder garantizar a todos ciertos servicios e infraestructuras que a día de hoy son imprescindibles, es cierto, pero… ¿es éso lo único que podemos hacer con nuestros impuestos? ¿A éso se reduce únicamente el correcto desarrollo de las personas?

Sería un error de necios pensar que el ser humano sólo requiere de carreteras, colegios y hospitales para vivir con dignidad. Por desgracia, muchos de los que viven en España no tienen la oportunidad de disfrutar de las carreteras o ni siquiera de los hospitales y colegios. De ellos nuestros impuestos se olvidan si nosotros no expresamos nuestro deseo de ayudarles. Y la mejor forma de expresar ese deseo y hacerlo real es marcar la casilla de la Iglesia en nuestra declaración de la renta. ¿Y por qué? Veamos el ahorro que le supone al Estado la actividad de la Iglesia en favor de los más necesitados y en qué consiste esa actividad. Los que me leen con relativa frecuencia o me conocen personalmente.

En un reciente estudio nada sospechoso de ser parcial se estima que el ahorro que supone para el Estado las actividades asistenciales que realiza la Iglesia con los más necesitados asciende a 36.000 millones de euros. Colegios concertados (muchos dirigidos a familias sin recursos), centros asistenciales para drogodependientes, orfanatos, hospitales, el mantenimiento y preservación del patrimonio histórico, obras misioneras y ONGs como Cáritas y Manos Unidas no es moco de pavo. Todo ese bien que la Iglesia hace a la sociedad y a los que más lo necesitan cuesta dinero y necesita financiarse. Y la mayor parte de esa financiación viene de la cruz que ponemos los que queremos en la declaración y de aportaciones de los fieles. Ojalá cada vez haya más cruces para poder ayudar a más gente.

Habrá quien diga que lo que la Iglesia obtiene de la aportación voluntaria de los ciudadanos dinero para que los curas vivan bien y con lujo. Nada más lejos de la realidad. Paradójicamente, los curas y obispos no pueden marcar la X de la declaración porque su sueldo es menor a 22.000 euros anuales (reciben entre 650 y 900 euros). Con ese sueldo, subsistir y poder tener las mínimas condiciones para desarrollar su labor pastoral y asistencial no se hace tan sencillo como nos lo quieren pintar aquellos que echan espumarajos por la boca cuando hablan de la Iglesia, ¿verdad? Una vez más, queda demostrado el bien que los religiosos, sacerdotes y laicos hacen a la sociedad a través de las actividades pastorales, asistenciales y misioneras de la Iglesia, tan necesarias en nuestra sociedad o más como cualquier carretera subvencionada con los impuestos de todos. ¿Seremos capaces de no optar por ayudar a esa pobre gente sólo marcando una casilla en la declaración? No supone coste alguno, no supone ningún esfuerzo, es algo gratuito pero sólo un gesto con forma de X puede ayudar a mucha gente que realmente lo necesita. Como dice el slógan, “X todos, marca la X”.


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