La crisis de fe de la Madre Teresa

28 08 2007

Menudo revuelo se ha montado con el libro que va a publicar un Misionero de la Caridad, el padre Brian Kolodiejchuk, que además se encarga de recibir el material de apoyo para que se demuestre que la Madre Teresa es santa. Y más de uno pensará, “menudo hijo de la Madre Teresa y de la Iglesia este Kololoquesea, que saca un libro en el que revela cartas de la Madre Teresa durante momentos de angustia de fe. Ya podría haberse estado calladito y no dar carnaza a los anticatólicos”. Pues yo, ya me perdonarán, pienso lo contrario. Olé por el padre Kolodiejchuk que nos ha mostrado, una vez más, que los santos no son de una pasta distinta al resto sino que son carne, huesos y alma, como el que firma este post. Y como el que lo está leyendo. Sí, son humanos como usted y como yo. ¿Increíble? Todo lo contrario.

 La historia es la siguiente: el padre Kolodiejchuk publicará el día en que se cumplen 10 años del encuentro definitivo de la Madre Teresa con Dios (el 5 de septiembre) un libro titulado Mother Teresa: Come Be My Light (Madre Teresa: Ven y sé mi luz) que recoge las cartas que la Madre escribió a sus directores espirituales durante su etapa de sequedad espiritual.

 Los “malos” han aprovechado la situación para tratar de difundir la duda sobre la santidad de Teresa pero lo que han conseguido es que se engrandezca su figura. Cualquiera que conozca la vida de los santos sabe que, la gran mayoría (si no todos), sufrieron esas noches oscuras del alma como las llamaba S. Juan de la Cruz. Desde S. Pedro hasta el último canonizado pasaron por ese calvario. Y ahí es donde realmente se demuestra la santidad de una persona: en las dificultades.

Para alguien que tiene fe, tener esa pasión interior al orar y sentir esa cercanía del Señor es bastante cómodo y hace que el trato con Dios sea mucho más agradecido y fácil. Alguien que, aunque no vea, aunque no oiga, aunque no sienta… sigue luchando por agradar a Dios, tratándole en la oscuridad y amándole sin sentirle cercano, es verdaderamente santo. Además, Dios premia con el consuelo y con la reafirmación de esa fe valiente, decidida y heroica cuando la tempestad calma. Lo mismo ocurre con el amor humano: es realmente verdadero en los momentos duros, cuando el enamoramiento y los sentimientos se han ido y sólo queda amor puro, aquél en el que se ama a la otra persona única y exclusivamente por quién es, por sí misma, no por lo que te hace sentir.

Por eso, la Madre Teresa es, desde hoy, más santa si cabe a mis ojos. Porque, como decía Jesús, “dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29). Durante esa etapa, la Madre Teresa ni veía ni sentía pero aún así seguí siendo fiel. Gracias por tu testimonio y tu ejemplo de amor heroico a Dios hasta que duele, Madre. Ruega por nosotros.


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