Si hay tres ámbitos de la lucha actual en los que se mantiene la batalla contra los enemigos de la moral tradicional éstos son la Familia, la Educación y la Vida. No es casualidad. El relativismo imperante y la degradación moral que promueven algunos saben que ahí está la clave que les permitirá tener a los hombres a sus pies, sin poder ser críticos con nada. Saben que son valores inmutables objetivos que permiten al hombre tener una conciencia propia por lo que les interesa invertirlos, bien para su propio beneficio, bien para controlar las conciencias o bien por un motivo oculto aún más tenebroso. Son éstos tres por lo siguiente: la Familia porque es donde el hombre aprende lo que está bien y lo que está mal. Es fuente de valores que se enseñan, en muchos casos, como inmutables y buenos. Es núcleo de la sociedad tradicional y pretenden romperlo como si fuera una reacción de fisión porque saben que donde hay división no hay Verdad. La Educación porque es donde los niños se desarrollan y aprenden lo que es la vida de convivencia con otros seres humanos y donde son formados y, según ellos pretenden, donde pueden ser manipulados. Por último, la Vida porque si niegas que el feto es un ser humano o que una persona enferma no merece vivir, lo degradas por debajo de la naturaleza de cualquier otro animal. Y si se degrada al ser humano hasta tal punto que pierde su dignidad particular y superior al del resto de la Creación, tiene poco valor su vida y, por tanto, se entiende que deba de estar al servicio de un “bien superior común” por el que puede ser sacrificado: la sociedad que ellos promueven.
Los tres aspectos son fundamentales. No en vano son pilares a los que cualquier régimen autoritario y dictatorial comunista ha atacado siempre. Desde Corea del Norte hasta Cuba pasando por China y Venezuela, esas tres columnas de los valores tradicionales son golpeadas hasta romper su base para que se derrumben. Qué casualidad que Zapatero vaya en la misma línea.
Sí, porque los tics de ZP son sospechosamente similares a los de sus homólogos coreano, chino, cubano y venezolano, que a su vez mamaron de Lenin y Stalin. Fíjense qué curioso el desarrollo temporal. Han pasado algo más de tres años desde que Zapatero llegó al poder y ya ha dado estocadas en todos esos flancos. Primero fue la Familia, con la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio y su posibilidad de adoptar a indefensos niños además de la Ley del Repudio (que ellos llaman Divorcio Express). Más tarde fue la Educación con la LOE y la manipuladora forma conciencias de Eduación para la Ciudadanía. Ahora ha nombrado Ministro de Sanidad a Bernat Soria, un “científico” que no ha logrado nada en su vida más que matar seres humanos para sus “investigaciones”. Se tuvo hasta que largar a Singapur porque ningún país moderno permitía las barbaridades que pretendía este discípulo aventajado de Josef Mengele. ¿Es esta hoja de ruta casualidad?
Bernat Soria no es nadie. Es un tío que se hizo famoso porque, como en España aún era un poco cuerda, no se le permitía matar niños en edad embrionaria para sus experimentos por lo que tuvo que largarse a Singapur. Una vez allí no consiguió nada. Mientras, miles de científicos de los de verdad, entre los que se encuentran los de la Clínica Universitaria de Navarra, han conseguido logros importantísimos con células madre adultas y células del cordón umbilical, que no generan ninguna controversia ética porque no es necesario matar a ningún niño para obtenerlas.
Pues lo que decía, que no es casual el plan de Zapatero. No ha puesto a Bernat Mengele ahí por casualidad. No es tonto, es malo. Se ha propuesto dar la vuelta a los valores tradicionales (que son, por otra parte, los que realmente pueden dar mayor grado de plenitud al hombre) uno tras otro. ¿Por qué? Porque su perverso plan (o el de otros ocultos en sombras) no es otro que eliminar a la Iglesia y todo aquello que sea un estorbo para sus oscuras intenciones. Y cree, ingenuo de él, que siendo tan poquita cosa podrá con la Iglesia de Cristo. Vas a tener que esperar sentado para que eso suceda, Joselu. Anda que no te queda nada, chato… Ni tú ni nadie puede con Dios. Por eso te decimos Pepe Luis, ¿miedo los cristianos? ¿De ti? ¡Ja!