No, no voy a pegar en mi blog ninguna de las fotos de las calles de Madrid durante la tarde del pasado sábado. Ni quiero ni falta que hace. Quien quiera muestras, puede buscarlas por la Red pero me niego a desmerecer el blog con esas fotos repulsivas. Sí, me refiero a las del “Orgullo” Gay celebrado en Madrid bajo el paraguas de Gallardón.
Muchos demagogos me tildarán de homófobo después de leer este post y quizá caiga en saco roto lo que diga porque por el mero hecho de discrepar de la dictadura del lobby homosexual se me tachará de nazi o similar. Sea como fuere, tengo un profundo respeto por las personas homosexuales. El mismo que guardo para las heterosexuales. ¿Acaso tienen que ser diferentes? Lo que no acepto, en ningún caso, es la dictadura rosa de los lobbies de presión del movimiento LGTB.
Y es que éste es el mayor pero que encuentro a la reivindicación gay. Si el propósito es vernos a todos como personas de igual categoría humana, que lo somos, ¿por qué se organizan actos para gays? ¿Por qué existen bares y comercios exclusivos para homosexuales en los que la entrada a los heterosexuales está vetada? No es que yo quiera entrar en ellos, Dios me libre, pero seguro que si el gerente de un bar hiciera lo mismo con los homosexuales, además de ser tildado de homófobo sería acosado como nunca con sanciones y campañas de desprestigio brutales. Recuerden el caso de La Favorita, que ni siquiera llegó al extremo de negar la entrada a ningún cliente por el hecho de ser gay sino porque no quería celebrar en su local una “boda” entre homosexuales. Si lo hace un heterosexual, merece castigo. Si lo hace un homosexual, aquí no pasa nada. Eso sí, igualdad a tope. Y libertad.
Si, como digo, el fin es ser considerados todos merecedores de la misma dignidad, considero que hacer distinciones en eventos para homosexuales y heterosexuales ad hoc lo único que fomenta es abrir esa brecha diferenciadora entre unos y otros. Nadie sale beneficiado en iniciativas como ésas si no es porque el otro sale perjudicado. Del mismo modo me pronunciaría si se hicieran iniciativas del mismo estilo exclusivas para heterosexuales. Como digo, aquél que las llevara a cabo sería tildado de homófobo con toda la razón. Del mismo modo puedo tildar iniciativas en sentido inverso de “heterófobas”. ¿Debemos llevar un carnet que acredite si somos homosexuales o heterosexuales? ¿No es acaso algo propio del yo íntimo que no interesa a nadie más que a mí mismo? Por suerte, cada vez más homosexuales son conscientes de que no son representados por Zerolo y cía. y tratan de mantener en un ámbito privado sus tendencias, tal y como debería de ser ya se sea homo o heterosexual.
Y es que estos lobbies de odio entran en una contradicción. ¿No se pretende “normalizar” la tendencia gay? Tales tendencias no son naturales y, por tanto, son anormales pero organizando un desfile de reinonas en medio de Madrid no hace sino acrecentar esa percepción de anormalidad. ¿Orgullo de ser éso? ¿En serio? ¿A qué juega esta gente?
Yo lo tengo claro. Usan y manipulan a los homosexuales en su propio beneficio para cambiar un orden social y moral que sabe reconocer con claridad lo que es natural y lo que es desviado. Los homosexuales que siguen a los Zerolitos no son sino marionetas de otras mentes que pretenden algo más que “dar derechos a los homosexuales”. Van más allá. Quieren hacer desaparecer la escala de valores cristiana de la sociedad. Quieren desterrar la moral que dignifica al hombre. ¿Por qué? Muchas hipótesis tengo en mente que algún día analizaré en el blog. Lo único que sé es que aún estamos a tiempo de evitarlo.